No estoy de acuerdo con mi psicóloga
- Victoria Zanini
- 14 ene
- 3 Min. de lectura
Escribí este texto desde una noche de insomnio en Gran Canaria, al otro día tenía mi primer día de certificación de Open Water de Buceo y estaba medio nerviosa, se venían días intensos y si bien era lo que quería me estaba empezando a arrepentir de embarcarme en algo nuevo, otra vez. Mi cabeza no se tranquilizaba y en medio de un mar de pensamientos empecé a bajar a tierra lo intenso de lo vivido en los últimos meses del 2025.
Adjunto prueba de lo que disfruté tantas horas debajo del mar:

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Durante mucho tiempo (años) se repitió la misma situación con mi psicóloga. Cada vez que le contaba de tener la intención de “hablar una situación con alguien” ella siempre me decía “no es necesario hablar todo”.
Siempre me repetía lo mismo.
La primera vez le expresé mi desacuerdo con su punto de vista. La segunda y tercera también. Ya la cuarta ni siquiera lo dije, porque conocía su respuesta.
Mi relación con “hablar las cosas” era profunda y tenía historial... Pasé varios años intentando encontrar la fórmula para sostener conversaciones incómodas sin sentir que me dejaba la vida en el intento, o de culparme por no hacerlo impoluto, correcto, brillante, sobresaliente, cinco estrellas, A+, etc.
Me paralizaba el miedo a decir algo “incorrecto” y desatar un torbellino, y, sobre todo, quería escapar de esa incomodidad que me generaba la situación. Pero eso cambió...luego de muchos años había encontrado la manera.
Me sentía cómoda, como pez en el agua, aparte había comprobado el efecto “descongestionante” o “desinflamatorio” que tenía hablar, y claro… me hice adicta.
Amaba hablar todo. AMABA HABLAR. Todo lo hablaba.
Pasaba el tiempo y yo seguía en desacuerdo con mi psicóloga… pero empecé a notar algo que me hacía ruido en hablar las cosas, veía una situación que se repetía.
Había conversaciones que se tenían una, dos, tres veces, en charlas muy llevaderas y donde casi siempre las partes involucradas llegaban a un consenso. Pero a mí me llamaba la atención dos cosas:
La primera — el número de veces que se hablaba sobre el “tema” con las partes.
La segunda — que si bien las partes acordaban el suceso seguía ocurriendo.
Me permití dudar… y si la psico tiene razón? Y si hablar no es la solución de todo? Y si en realidad detrás de ese “hablar todo” en realidad se esconde la ilusión por tener control y que eso cambie?
Entré en un rulo de preguntas y cuestionamientos.. y si quizás es verdad que no debí hablar todo, sino más bien observar?... y si quizás ese “querer hablar” no me deja ver la verdad de cómo son naturalmente algunas cosas?
El 2025 fue un torbellino, del incómodo pero del bueno. Me agarró en un loop constante de querer salir del mar y que la ola me lleve puesta, una y otra vez. Pero un día se cortó, y no creo que haya sido coincidencia... se cortó cuando verdaderamente deje de hablar tanto y empecé a observar más.
Aunque en esta le doy la razón a la psicóloga seguiré igual hablando, porque amo la comunicación y para mí es la base de cualquier entorno vincular, social, familiar, amoroso, laboral, amistoso, etc. pero de ahora en más me permitiré callar más y observar.
En otro orden de prioridades estoy agendando trabajos para Febrero podés echarle un ojo a mis servicios en este post y si quieres tener un lugar en mi agenda no te duermas en escribirme acá:
Esto si ha sido un buen shot de Lo Bueno Se Comparte.
Si llegaste hasta acá gracias!
Te veo en la próxima carta,

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